Saber cuando la mesa deja de ser mesa: así se vivió el Connectors Dinner en W Santiago

Saber cuando la mesa deja de ser mesa: así se vivió el Connectors Dinner en W Santiago

Hay cenas que alimentan y otras que, además, conectan. En W Santiago, lo segundo fue la premisa. Porque cuando las sillas se ocupan por artistas, arquitectos, diseñadores y mentes curiosas, la mesa deja de ser un simple punto de encuentro para convertirse en un verdadero laboratorio creativo.

Así se vivió una nueva edición de Connectors Dinner, una iniciativa global que propone algo tan básico como poderoso: reunir a personas distintas y dejar que la conversación haga el resto. Sin discursos acartonados ni agendas rígidas. Solo el arte de compartir.

La velada, desarrollada junto a Galería Aqueveque, tuvo ese aire de encuentro que no necesita explicación. Un cruce natural entre disciplinas donde el diseño, el arte y la arquitectura no compitieron por protagonismo, sino que se mezclaron como buenos ingredientes en una receta bien pensada.

Y hablando de recetas, la cocina estuvo a cargo de Karai by Mitsuharu, cuyo enfoque —reconocido en el radar latinoamericano— aportó el hilo conductor perfecto: platos que dialogan tanto como quienes los comparten. Aquí, cada preparación fue parte de la conversación, no solo un intermedio.

Detrás de esta alianza, los nombres de Juan Pablo Fuentes y Agostina Branchi, quienes vienen impulsando una mirada fresca sobre el diseño local desde su nuevo espacio en MUT. Su participación no fue casual: el objetivo era claro, tender puentes entre mundos que, aunque cercanos, no siempre se sientan a la misma mesa.

Lo interesante de este formato es que no busca impresionar, sino provocar. No se trata de la escenografía —aunque la hay—, sino de lo que ocurre cuando las ideas empiezan a circular sin filtro. En ese terreno, las conexiones dejan de ser networking para transformarse en algo más genuino: afinidades, proyectos futuros o simplemente conversaciones que valen la pena continuar.

En tiempos donde todo parece inmediato y programado, propuestas como Connectors Dinner recuperan algo esencial: el valor de lo espontáneo. Porque a veces, lo más relevante no está en el evento en sí, sino en lo que queda resonando después.

Y ahí, en ese eco de ideas compartidas, es donde W Santiago parece haber encontrado su lugar: no solo como hotel, sino como un actor que entiende que la cultura también se construye alrededor de una mesa.