En un escenario donde el consumidor ya no solo busca una buena copa, sino también una historia que la respalde, la sustentabilidad dejó de ser un “plus” para transformarse en una declaración de principios. Así lo entiende Carmen Paz Ravanal, gerente de marketing de Viña Ravanal, quien aborda cómo esta evolución ha redefinido la industria vitivinícola chilena desde el viñedo hasta la experiencia del visitante.

De sello a estrategia: ¿cuándo cambia el paradigma?
“Cuando el mercado empieza a exigirlo”, dice sin rodeos. Para Ravanal, la certificación del Código de Sustentabilidad ya no es una opción reputacional, sino una herramienta competitiva. “Hoy no basta con hacer buen vino. Importadores y consumidores quieren saber cómo se produce, con qué impacto y bajo qué estándares. La certificación permite demostrarlo con hechos, no solo con discurso”.

Colchagua: más que un valle, un laboratorio de buenas prácticas
Si hay un territorio que ha marcado pauta, es el Valle de Colchagua. “Aquí hubo una adopción temprana, pero también una lógica colaborativa poco común. Las viñas no solo implementaron el código, lo empujaron. Hoy la sustentabilidad es parte de la identidad del valle”, explica.

Certificar no es cumplir, es evolucionar
En Viña Ravanal, el proceso se vive como una herramienta de gestión integral. “No es un checklist. Es una mirada transversal que cruza campo, bodega y comunidad. Cada auditoría no es una fiscalización, es una oportunidad de mejora”, comenta.

El clima ya no es telón de fondo, es protagonista
La conversación inevitablemente llega al cambio climático. “La escasez hídrica, las temperaturas y los eventos extremos están redefiniendo la forma de producir vino. Adaptarse ya no es opcional”. A esto se suma un desafío clave: hacer que la sustentabilidad sea viable también para pequeños productores.

Personas y territorio: la otra cara de la sustentabilidad
Lejos de centrarse solo en lo ambiental, el Código incorpora con fuerza el componente social. “Condiciones laborales, seguridad, capacitación y vínculo con la comunidad. Todo eso impacta directamente en la calidad de vida y en el desarrollo local”.

Un proceso que nunca termina
“La sustentabilidad no es una meta, es un camino”, resume. Para las viñas certificadas, esto implica monitoreo constante, adaptación y una mejora continua que evoluciona al ritmo del entorno.

Enoturismo: donde la teoría se vuelve experiencia
Para Ravanal, el turismo del vino es hoy una herramienta pedagógica clave. “Cuando el visitante recorre el viñedo y ve cómo se trabaja, entiende de verdad lo que significa producir de manera responsable. Ahí se genera una conexión mucho más profunda”.

Un consumidor que despierta (y exige)
Aunque reconoce avances, señala que aún hay espacio para educar. “El consumidor chileno está más informado, especialmente los más jóvenes, pero todavía hay camino por recorrer. Eso también nos obliga a comunicar mejor”.

El relato: coherencia antes que marketing
“Hoy la autenticidad es clave. El relato no puede ser solo bonito, tiene que ser real”, afirma. En Viña Ravanal, ese relato se construye desde el origen hasta la botella, integrando territorio, personas y propósito.

Lo que viene: subir la vara, siempre
Más que cumplir estándares, el desafío es superarlos. “Mejorar el uso del agua, innovar frente al clima y seguir integrando la sustentabilidad en toda la operación. Pero también comunicarlo mejor, especialmente a través del enoturismo”.
Porque, como concluye Ravanal, “el vino ya no solo se disfruta. Hoy también se comprende”.

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